
NOTA EDITORIAL: La semana del Mundial ya arrancó (el torneo inició el 11 de junio). Este contenido aprovecha el momentum del evento para hablar de arquitectura deportiva con datos frescos y ángulos que nadie más está cubriendo desde el diseño. Cada nota termina anunciando la del día siguiente. El domingo cierra con reflexión de legado.
“El Estadio Banorte: 60 años, 3 Copas del Mundo y una remodelación de más de 3,000 millones de pesos — la historia del estadio más importante de México”
Hay edificios que pertenecen a su época. Y hay edificios que aprenden a transformarse con ella.
El Estadio Banorte — conocido en el inconsciente colectivo del mundo entero como el Estadio Azteca — pertenece al segundo grupo. Y en 2026, ese aprendizaje llega a su tercera y más extraordinaria expresión.
Esta semana en DICAM dedicamos siete días a la arquitectura de los estadios que México le presenta al mundo en el Mundial 2026. Y no hay mejor punto de partida que el inmueble que más historia carga en sus muros de concreto.
Un estadio que nació de una dinamita y un error

En 1962, Emilio Azcárraga Milmo, dueño de Televisa y del Club América, decidió construir un estadio propio para el club. Convocó a dos de los arquitectos más importantes del México moderno: Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares Alcérreca — los mismos que más tarde diseñarían el Museo Nacional de Antropología.
El primer obstáculo llegó antes de que comenzara la construcción: el terreno elegido en Santa Úrsula estaba cubierto de roca volcánica, herencia del volcán Xitle. Para prepararlo, hubo que dinamitar 180,000 toneladas de piedra. Ese solo proceso consumió casi todo el presupuesto inicial. A diez metros de profundidad, los mantos freáticos inundaron el terreno e impidieron seguir bajando.
La solución de Ramírez Vázquez fue radical y elegante al mismo tiempo: no construir hacia arriba, sino hacia adentro. El estadio se hunde en el terreno, aprovechando la topografía para organizar visuales, acústica y flujos. Más que imponerse, se integra. Más que un objeto, es una operación territorial.
El estadio fue inaugurado el 29 de mayo de 1966 con un partido entre el América y el Torino de Italia. Su capacidad inicial era de 110,000 espectadores.
Curioso dato: el nombre “Azteca” no lo eligió ningún arquitecto ni dirigente. El Servicio Postal Mexicano lanzó una convocatoria pública, recibió propuestas por carta y eligió el nombre más votado. Antonio Vázquez Torres, de León, Guanajuato, fue quien sugirió el “Azteca”. A cambio, recibió dos asientos en platea por un periodo de 99 años.
Tres Copas del Mundo, sesenta años, un récord histórico
El Estadio Azteca albergó también el denominado “Partido del siglo” entre Italia y Alemania Federal en la semifinal del Mundial México 1970, donde los italianos se impusieron en un emotivo juego por marcador 4-3. Cuatro años después, en el mismo campo, Maradona inmortalizó su “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo” en México 1986.
Con el Mundial 2026, el Estadio Banorte se convirtió en el único recinto en la historia en albergar cuatro Copas del Mundo. Un hito que no solo habla de fútbol, sino de permanencia arquitectónica.
La remodelación más ambiciosa de su historia
En mayo de 2024, tras la final del Clausura entre América y Cruz Azul, el estadio cerró sus puertas para la renovación más profunda de sus seis décadas de vida. La inversión total superó los 300 millones de dólares — más de 3,500 millones de pesos mexicanos.
Se reconstruyó por completo el anillo inferior para acercar a la afición al césped, se implementó un sistema de techumbre sustentable, se modernizaron las zonas VIP y vestidores con estándares europeos, y se instaló iluminación LED de última generación.
En el exterior, resalta la nueva cubierta de la parte superior fabricada con ETFE — Etileno TetraFluoroEtileno —, una película plástica de alta resistencia en color rojo que hace resaltar la nueva identidad del Estadio Banorte. El aforo actual quedó en 87,000 espectadores.
La intervención incorpora la experiencia global de Populous, junto con la mirada local de arquitectos como David Lizárraga. El objetivo no es competir con el pasado, sino dialogar con él.
Lo que el Azteca le dice a la arquitectura
El Estadio Banorte es un caso de estudio extraordinario sobre algo que la arquitectura contemporánea debate con urgencia: ¿cómo se actualiza un ícono sin borrarlo?
Su historia responde la pregunta con 60 años de evidencia: con respeto a la lógica original, con intervenciones que mejoran sin transformar la identidad, y con la claridad de que hay edificios cuyo valor no está en su forma, sino en lo que han vivido dentro de ellos.
El concreto del Azteca lleva grabada la voz de 132,247 personas en una noche de 1993. Lleva el eco del gol que Pelé hizo para coronar a Brasil en 1970. Lleva el silencio de una ciudad que lloró en 1985 y volvió al estadio para seguir siendo ella misma.
Eso no se renueva. Se preserva.
Mañana: David Lizárraga, el arquitecto sinaloense que está detrás de los tres estadios mexicanos del Mundial.
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